Quizá...
no sea consciente
o esté edificando
una suerte de evasión.
Quizás...
es consciente de todo
y encontró un resquicio
por donde aleja al dolor.
Quizá...
Bienvenidos a este universo donde "La Poesía" les propone viajar hacia las profundidades del alma. Deseo que ese viaje sea ameno y los invite a regresar siempre. Muchas gracias por visitar este espacio.
Quizá...
no sea consciente
o esté edificando
una suerte de evasión.
Quizás...
es consciente de todo
y encontró un resquicio
por donde aleja al dolor.
Quizá...
Que no haya óbices nuevos
que a tus sueños estorben
y en plenitud se desenvuelvan.
Que las incordiosas inclemencias
no arrecien por un tiempo,
sin mares procelosos en ciernes.
Que las playas luzcan desiertas
y que se abstengan las aguas
de borrar tus huellas,
que se petrifiquen.
Que la vida fluya suave y amorosa
y que tenues valles se perpetúen
mientras tu estoicidad fortaleces.
Viviana Laura Castagno Fuentes
La mayoría habla del amor con una liviandad atroz, como si para sentir la profundidad del mismo bastara con la atracción sexual y se confunden con —las trampas del amor romántico—, nada más alejado de la verdad.
Esa confusión, es el nudo gordiano de todos los fracasos estridentes y previsibles en las relaciones.
El amor supone un contrato moral entre partes, pero no necesariamente implica la bendición de algún representante de una religión, excede a toda esa parafernalia.
Es tan sublime, que nada exige, fluye naturalmente y se acomoda en los pliegues que otorga la confianza en el otro, no escatima nada, se ofrenda sin estridencias ni límites impuestos.
Amar a alguien implica despojarse de prejuicios, desnudar el universo interior donde anida la síntesis exacta entre lo genuino, lo verdadero y lo incondicional.
El amor verdadero no busca un cuerpo desnudo, sino escudriñar en la exquisita e inefable desnudez del alma.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Me orienta la natura,
organiza mi itinerario
y le otorga previsibilidad
a las letras extraviadas;
las induce hábilmente
hacia una poesía en ciernes
solamente con la anuencia
de las fragancias y las texturas.
En el otrora vergel
sintetizaba sus dones,
cultivó una enredadera
que caía con prolijidad
hasta la ávida tierra
que la esperaba.
Era tan púdica
que prefería callar
una ofensa ex profeso
porque no deseaba herir
a quién profirió el daño.
Tenía habilidades tantas,
nada dejaba librado al azar
sus errores involuntarios
suponían noches de insomnio
para desatar un tejido
y resarcir la equivocación.
Ella era "mi madre"
—una mujer extraordinaria—
la extraño cada segundo
y no podría ser diferente
porque la vida era especial
tan solo con mirarla.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Estuve juntando flores,
las que en mí cultivaste
y en un jardín
se acomodaron
a solas, sin mi injerencia,
formaron un estanque
y están flotando ahora
sobre el mar de lágrimas
que he ido vertiendo.
Nos están quemando
un lugar paradisíaco,
nos están haciendo fuego
a nuestros hermanos,
a nuestra insalvable fauna
y a la naturaleza magnificente.
Nos están quemando (ex profeso)
y son los mismos
que se arrogan ser los dueños
de un planeta que es de todos.
Nos están quemando el Sur
—seres de las tinieblas—.
Nos están quemando el alma
a los Argentinos —para domeñarnos—.
Siempre tuve
la tenue sensación
de que no era escuchada,
y digo "escuchada"
así —enfáticamente—.
Comenzó en el ciclo primario,
necesitaba ponerle voz
a mis pensamientos
pero tal vez hablaba bajo
y por eso no me oían.
¿Sería muy pequeña
para esgrimir una opinión
y falsamente interpreté
que escuchar se les dificultaba?
Inconscientemente
me indujeron a ser lacónica,
para que inicie con placer
el exquisito derrotero
—del diálogo escrito—,
allanaron el vasto camino
hacia un universo
superlativo y mágico
donde las letras se revelaron
y comenzó una gesta
que espero finiquite
cuando emigre hacia mi exilio.
El mar no embate
no erosiona, ni socava,
el mar está vivo
y responde a sus ciclos
absolutamente naturales.
El mar no se equivoca,
ni siquiera es victimario
carece de los vicios humanos
no daña adrede a nadie.
Es el hombre el problema,
no cede en sus ansias
por la angurria inmobiliaria
y en aras de las pingües
ganancias y enriquecimientos
ha usurpado espacios
extensiones inexpugnables
de un mar que hoy, está volviendo.
Quizás un día
descubra por fin
lo que anhelé
cuando niña
—el instante exacto—
en que el crepúsculo
cede sus alicaídas luces
a la misteriosa noche
y con sumo donaire
a otros lares se retira.
Quizá no sea
un harto imposible,
en un vasto universo
de extremas potencialidades
donde todo puede ser
ante nuestros ojos
incrédulos y reacios
aunque en realidad
cabe la certera posibilidad
de que no acontezca nunca.
El mar acompaña hasta la playa
a las olas que han envejecido
porque fenecer allí, desean.
Ellas, los festones de espuma
tienen menguadas sus fuerzas
y sus ímpetus desaparecieron.
Antes, tan bravías y exultantes
buscan ahora la paz de la arena
donde sus sueños playas se vuelven.