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sábado, 29 de diciembre de 2018

EL ANFITRIÓN

Sus tablas grises y secas,
son la alfombra roja extendida,
para dar la bienvenida
a los visitantes, a quienes aguarda.

Todo es silencio, solo se escucha,
rugir al viento y los graznidos 
de gaviotas bulliciosas
que ofician de damas de ceremonia.

El muelle es el único nexo,
la conexión con el afuera
que poseen los habitantes 
de una isla, el paraíso en la tierra.

Él se siente el protagonista,
y lo es en realidad, porque tiende  
su brazo de madera áspera y húmeda,
hacia un lago taciturno que duerme. 

Si no lo hiciese, si no besara a las aguas, 
aislaría a los isleños del mundo  
y privaría a los visitantes diarios 
disfrutar de sus entrañas de ensueño. 


Viviana Laura Castagno Fuentes
                   

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