En esta suerte de "afición, pasión" por las palabras —que generosamente me amueblan—, está implícito el agradecimiento que siento, porque nada es mérito mío, solamente ordeno el amoroso desaguisado que provocan mientras duermo o estoy despierta todavía.
La escritura ha sido el placer supremo en mi vida y espero que su estancia sea duradera, porque albergo un gran sueño aún —publicar las poesías que se quedaron sin su hogar ("un libro") —.
Y aunque parezca un galimatías ese sueño es para halagar a mi Madre, ella ha sido mi mentora y creo que estará en algún lugar sonriendo y quiero ser quién provoque esa alegría.
Quién sabe, tal vez haya una biblioteca con otras formas, aromas y texturas donde el disfrute esté garantizado.
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