Buscando ese refugio que a la alegría garantiza, donde caben los instantes pequeños, sin grandes estridencias y con ese don de imperceptibilidad que en genuinos los convierten.
Un aroma a pan casero, recién horneado; una piza amasada por mis manos, respetando sus tiempos de leudado y sin precipitar nada; un budín de café con nueces y uvas pasas, con trozos de chocolate para compartir en un especial día.
Son esas grandes pequeñas situaciones que a la paz invitan, y con ellas se sientan a la mesa los recuerdos imborrables de los seres que más he amado para terminar un día arropado con sentimientos nobles y amorosos.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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