La estuve mirando
con la admiración
que me generaba
por su innata habilidad
y su belleza implícita.
Emergió de la nada
en apariencia y comenzó
a trepar por el robusto
tronco de un pehuén
que hospitalidad le aseguraba.
Comenzó a vestirlo
con su follaje verde intenso,
formando un tapiz exuberante
mientras subía sin pausa
como si una escalera tuviese.
Hoy, sus flores se apagaron,
supieron deslumbrar en primavera
y el otoño recién estrenado
la encontró durmiendo plácida
sobre un tronco noble que la hospeda.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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