Tiene la soledad una impronta única: es sorpresiva y desafiante.
Se impone con contundencia cuando no fue elegida, nos conmina a ingresar a un universo nuevo donde brillarán otras luces e ingresarán nuevas oscuridades.
Es cierto que la misma es un "estado de la mente", aunque para mí está íntimamente ligada "al alma" donde el edén y el averno cohabitan.
Cuando la soledad nos visita puede ser una compañera de viaje, nos aligera de cargas mientras nos serena o también podría devenir en —una tundra gélida e inhóspita— si no estamos aviados para transitarla.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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