Cuando el afuera
se torna inhóspito,
me abstraigo
e inicio un exilio
—una mudanza—
donde lo inicuo
y lo prosaico
carecen de injerencia.
Bienvenidos a este universo donde "La Poesía" les propone viajar hacia las profundidades del alma. Deseo que ese viaje sea ameno y los invite a regresar siempre. Muchas gracias por visitar este espacio.
Cuando el afuera
se torna inhóspito,
me abstraigo
e inicio un exilio
—una mudanza—
donde lo inicuo
y lo prosaico
carecen de injerencia.
Como si un río fueses,
fluyes con esa idoneidad
que te caracterizaba
por cada resquicio
que los recuerdos habilitan.
Y vienes imbuida naturalmente
de una paz que es diferente
a todas —eleva y atenúa—
las sinuosidades del viaje,
y las pendientes suaves valles
se vuelven transformando
en una plenitud única la travesía
aunque tu ausencia aún duele.
Se parecía a un crepúsculo
cuando mengua sus luces
y las cede a la oscuridad
de una noche en ciernes.
Irradiaba un tenue indicio
de que una nostalgia lenta
se le iba aposentando
en cada célula —sigilosamente—
tan inevitable como evidente.
Viviana Laura Castagno Fuentes
La paciencia, una docente
que en silencio nos organiza,
un camino que nos transforma
en cada tramo, en cada recodo.
Es amor evolucionando
aun cuando la lluvia duele
porque nos sorprendió el clima
y del paraguas nos olvidamos.
Ser pacientes no es ser frágiles
sino intérpretes de los dones
que en estado de latencia viven
y si no los despertamos fenecen.
Cada vez que la tarde
comienza a languidecer
—le digo adiós—,
desde que tengo memoria.
Hoy, reitero ese rito sublime
pero lleva implícito otro mensaje,
despido a la luz crepuscular
y en silencio se acomoda también
un adiós que viaja directamente
a ese lugar donde estarás sonriendo.
Estar, sin estar a veces,
un silente permanecer
la mente en blanco rotundo.
Respuestas necesarias
para una calma interior
que un apagón demanda,
un no existir, un abandonarse
una quietud vital, un interregno.
Cicatrices...
diseños que la vida
nos va dibujando
y allí permanecen,
el recuerdo a veces
de una estoica resiliencia.
Pero existen otras
que traspasan la piel,
son los amores inolvidables
que en el viaje de la vida
—se adelantaron solamente—
son cicatrices que palpitan
cada vez que los recordamos.
El silencio...
ese poderoso mensajero,
posee la potestad inherente
para comunicar con solvencia
sin palabras que lo avalen,
es un extraordinario orador
para el alma que ha despertado.
Están merodeando
atizan mi universo
—que suele estar desordenado—
o en estado de suspensión
proponiendo tímidamente al reloj
para que cesen las horas
y dejen al tiempo en paz.
Están en mi sueño y vigilia
se deslizan para no despertarme
pero las escucho igual
y cuando abro los ojos
se han escabullido, no están,
ahora debo perseguirlas yo
porque sin ellas... no soy.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Soy una apologista del mar
porque le endilgan culpas
que atañen a los humanos,
si supieran respetar sus ciclos
comprenderían que el profanado
es él y quién debería pedir auxilio.
Sabía ser brisa amable
sorpresiva lluvia de verano
calor amparador en los inviernos.
Era tenue otoño con los cambios
se desprendía de lo superfluo
y atesoraba solo lo necesario.
Cuando la primavera se anunciaba
su jardín lucía un sublime lienzo
que con amor en enero había diseñado.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Escribo siempre sin contemplar jamás a los críticos sobre la escritura porque honestamente no los tengo bajo mi radar. Escribo porque las letras me habitan y luego exigen su emancipación y por supuesto que es un gran placer para mí, una plenitud inefable, esto lo he plasmado reiteradamente.
Los únicos críticos interesantes —son los lectores—, no existe nadie más para mí.
En quienes se acercan a leer lo que plasmo —está el nudo gordiano de todo—, se convierten en los mejores degustadores y en los más honestos, es la única crítica que merece mi atención, las demás languidecen.
Siempre expresé: "Si logro cautivar a una sola alma con mis letras, habré saciado mi sed y hasta me animo a decir que habré justificado mi paso por este mundo".
Muchísimas gracias a quienes detienen un ratito su vida para ingresar a este espacio, deseo que reiteren su visita.
Intento disuadir
a un cielo ominoso
que intempestivamente
la luz del alba ha secuestrado
y en aparente crepúsculo
la ha convertido.
Y aparece tu recuerdo
—adherido a mí como siempre—
y vuelve a deslumbrar
el sol que exiliado estaba
detrás de una montaña
de nubes borrascosas
y la vida renace de nuevo.