Como si un río fueses,
fluyes con esa idoneidad
que te caracterizaba
por cada resquicio
que los recuerdos habilitan.
Y vienes imbuida naturalmente
de una paz que es diferente
a todas —eleva y atenúa—
las sinuosidades del viaje,
y las pendientes suaves valles
se vuelven transformando
en una plenitud única la travesía
aunque tu ausencia aún duele.
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