Escribo siempre sin contemplar jamás a los críticos sobre la escritura porque honestamente no los tengo bajo mi radar. Escribo porque las letras me habitan y luego exigen su emancipación y por supuesto que es un gran placer para mí, una plenitud inefable, esto lo he plasmado reiteradamente.
Los únicos críticos interesantes —son los lectores—, no existe nadie más para mí.
En quienes se acercan a leer lo que plasmo —está el nudo gordiano de todo—, se convierten en los mejores degustadores y en los más honestos, es la única crítica que merece mi atención, las demás languidecen.
Siempre expresé: "Si logro cautivar a una sola alma con mis letras, habré saciado mi sed y hasta me animo a decir que habré justificado mi paso por este mundo".
Muchísimas gracias a quienes detienen un ratito su vida para ingresar a este espacio, deseo que reiteren su visita.
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