Definitivamente
existen sentimientos
que jamás prescriben.
Se cobijan en un lugar
acurrucados y atentos
como si el cuerpo les habilitara
un cofre especial para acunarlos.
Y se quedan allí silenciosos,
se mimetizan con sus pares
en una convivencia armoniosa
hasta que el aroma de un café
recién preparado —logra despabilarlos—.
Viviana Laura Castagno Fuentes