Hubo un tiempo
en que el amanecer
traía a la primavera
a través de la ventana
y se quedaba allí
aguardando que habilite
su tan ansiado ingreso.
Y quizás era el hierático frío
el que estaba acicateando
porque no importaba
cuál era la estación puntual.
Desperté durante décadas
inhalando el aroma inconfundible
de las glamorosas glicinas
—pero hoy—, mis mañanas traen
al invierno que entumece
aun cuando el estío reine.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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