Honestamente: tuve días que parecían interminables mientras el dolor su intensidad escalaba y el sentido de la vida se sumergía en un mar proceloso e inasible.
Todo aconteció en absoluta soledad —en realidad porque elegí— pero también porque se evanescieron vínculos frágiles e inestables.
Hoy, más consciente de la realidad en la que estoy inmersa doy gracias al universo por el durísimo aprendizaje (que no acaba) y también por la mujer que pudo emerger del fondo de un mar bravío considerando que antes —el mero hecho de vivir dolía—.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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