Cuando el crepúsculo magnificente
inhiba al enigma de las sombras,
cuando las hojas caducas del otoño
se queden a la rama adheridas,
cuando la montaña se mueva
para que nadie ose profanarla,
cuando el mar a sus olas domeñe
y sea un río manso y predecible,
cuando serena toques a la puerta
y emocionada atienda el alma...
sabré que llegué al orbe que esperaba.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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