Cada mañana,
cuando intento degustar
—mi desayuno a solas—
amo imaginar que estás conmigo.
Si hasta veo tu imagen,
tus manos extendidas que se dibujan
en el humo escurridizo
de un café que rápidamente se enfría.
en el humo escurridizo
de un café que rápidamente se enfría.
Se interponen los recuerdos
—nuestros diálogos tan intensos—
tu postura tan férrea
sobre una fe consolidada
y yo, tan crítica, tan agnóstica,
tan enemiga de los dogmas.
Se generaban discusiones
pero tu templanza, tu paciencia,
—lograban cual libro—
—lograban cual libro—
apaciguar las aguas dando vuelta la página.
¿Sabes algo?,
—extraño esos tiempos—
enriquecieron mi existencia
y la cambiaron para siempre.
enriquecieron mi existencia
y la cambiaron para siempre.
En este presente, todo es tan absurdo,
el cielo no es nuestro cómplice
y lo percibo tan aciago,
antes era un puente, un seguro nexo,
y hoy es lamentablemente
una insalvable muralla.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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