Mi luna tan nívea, tan única,
en un mar de nubes nadaba,
lucía tan maravillosa y plácida
—hasta que un eclipse total—
la sumió en oscuridades.
Mi sol, una parábola en sí mismo,
está somnoliento, atribulado,
minimizó su estancia de a poco,
algo nos comunica, los días se acotan.
Mis jardines pletóricos,
ofrendas naturales inimitables,
jazmines, camelias, vergeles,
son hoy languidecientes testimonios.
Mi luna exultante, mi sol, mis jardines,
han perdido su magia,
se volatilizaron sueños tantos
y mi alma fenece en silencios
mientras en desasosiegos deambula.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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