Al final
me fue enseñando el camino
que debo cuidar mi vergel
—nadie lo intuye como yo—
ni percibe su saciedad
o cuando está sediento.
Y voy aprendiendo
que la paciencia
es un arte y un don,
—logra milagros en el alma—
de nuestros seres amados
que comienzan a despedirse.
Soy consciente
que debo estar preparada
para la gran soledad
—cuando todos falten a la cita—
porque tal vez se olvidaron
o porque tuvieron que irse antes.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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