Agosto sería el mes de la apacible espera,
de la preparación y los rutilantes cambios
que la natura por doquier anunciaba.
Destellaban con bríos los ciruelos
con sus incipientes y delicadas floraciones
que a macilentos gajos estaban vistiendo.
Pero la vida que decide cuándo y no explica
—secuestró intempestivamente las luces—
y trajo a las empecinadas sombras que aún persisten.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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