En un rincón del jardín,
un otrora y elegante rosal
añora sus tiempos de protagonismo
cuando sus delicadas rosas, eran reinas.
Supo de tiempos halagüeños,
sus flores eran las más requeridas
supieron ornar centros florales
y ser la ofrenda especial
entre almas enamoradas.
Hoy yace solitario y entristecido
en el recuerdo quedó aquel jardinero,
su amoroso cuidado era un halago,
era el incentivo para florecer el año entero.
Son las vicisitudes de la vida.
Cuando eras un rosal joven y lozano,
tus rosas eran las mutiladas,
hoy, con varias estaciones transitadas
tu destino es el abandono y el olvido.
Pero la naturaleza compensa amigo,
de día te ilumina con su sol magnificente,
por las noches, con una tenue luz de luna,
y con gotas de rocío, acaricia tu cansado cuerpo.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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