Hay ojos y hay miradas,
con sus sutiles diferencias.
Los ojos son las ventanas dilectas
que eligió el alma tan versátil
por allí mira y se manifiesta.
Y dice tanto, aun con su mutismo,
a veces un diálogo con palabras
no comunica con la idoneidad,
con el don, que posee una mirada.
He visto un rostro bello, apacible,
con ojos donde el cielo eligió quedarse
y allí estaba el alma instalada,
habló mucho sin decir palabra.
Esos ojos comunicaban algo,
habitaba el desasosiego en ellos
hasta se dejaban ver heridas viejas
buscaban a quién las resarciera.
¿Será el argumento para que el cielo
se haya derramado allí dentro un día?
¿Será para que su transparencia
fuese una ventana nítida
para que hable sin hablar, su alma?
Viviana Laura Castagno Fuentes
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