Un jardín que detuvo
la precariedad del invierno,
exhibe sin gracia —con tristeza diría—
a una gran variedad de plantas.
Entre ellas hay una que intenta
trepar por un muro de piedras
parece una equilibrista, una etérea
enredadera con flores de campanillas.
¡Cuánto esfuerzo realiza,
cuánto ímpetu para sobrevivir
sobre un remedo de esplendores
que hasta ayer nomás era un vergel!
Ella es el testimonio mudo, silente,
de las ansias de superación, de hidalguía,
la precariedad del invierno,
exhibe sin gracia —con tristeza diría—
a una gran variedad de plantas.
Entre ellas hay una que intenta
trepar por un muro de piedras
parece una equilibrista, una etérea
enredadera con flores de campanillas.
¡Cuánto esfuerzo realiza,
cuánto ímpetu para sobrevivir
sobre un remedo de esplendores
que hasta ayer nomás era un vergel!
Ella es el testimonio mudo, silente,
de las ansias de superación, de hidalguía,
—porque aun medrando en el abandono—
su respuesta ha sido un amoroso gajo
su respuesta ha sido un amoroso gajo
con delicadas campanillas
lilas y violáceas —refulgiendo—.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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