¿Y qué la vida?
Sino una dogmatización desde la cuna, nacemos puros, genuinos y en el camino nos apabullan, nos imponen una religión con la primera mamadera, que implica un pensamiento único y nos conminan a —cumplir— con los odiosos mandatos sociales.
Hay que casarse, tener hijos, y si es posible jurar ante un altar el cumplimiento a rajatabla de un compromiso que acaba inexorablemente fracasando en la mayoría de los casos.
¿Y qué la vida?
Una pugna eviterna entre nuestros deseos —los que habitan nuestra alma— y una tendencia a ser "socialmente aceptados" , aunque ello implique relegar lo que —nosotros deseamos para nosotros— y no para satisfacer las frustraciones de los otros.
¿Y qué la vida?
Una evolución permanente, un trabajo interno, un reacomodamiento a medida que maduramos, una profunda convicción de que "la verdad nos hará libres" y que el camino de la mentira e hipocresía nos conducirá al averno en este mundo.
Que ser nobles e íntegros nos traerá la paz que mucha veces buscamos en el afuera, dilapidando en viajes alrededor del planeta porque creemos que en otros lares —están las respuestas a nuestras dudas existenciales—, y terminar descubriendo que las mismas viven dentro, en nuestro hogar interno donde está ella, esa vocecita interior que es nuestra guía incondicional y resume la sabiduría toda.
La vida es simple, sencilla, solo se trata de viajar con nuestros parámetros, sin dañar a nadie y sin la injerencia de una sociedad estólida que no sabe a dónde va, qué desea realmente ni logra responder ecuánimemente cuando le preguntamos: "¿Cuál es el sentido de la vida?
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