Quizá vinimos a ella para aprender a perder y no me refiero a menesteres materiales sino a dejar partir a quienes amamos porque no existe alternativa alguna.
Sí, vinimos para ser alumnos eviternos, somos aprendices en el arte de los arrebatos, se van nuestros seres amados, quedamos reducidos a despojos, somos un navío sin puerto, sin brújula ni derrotero y muchísimas veces hasta el mar se eclipsa ante nuestras narices.
Y la vida sigue, o tal vez ni siquiera eso, solamente continuamos respirando, deseando que cada amanecer renueve esos bríos que teníamos cuando el viaje era una delicia.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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