A veces me sorprende y con creces
la soberbia avasallante de los humanos,
creer que somos irreemplazables
y que sin la injerencia nuestra
se paralizaría la vida en el planeta.
Y la tierra gira sin nuestra anuencia
posee tantos dones, tantas potestades,
que somos hasta prescindibles
para que un universo exista
con sus tiempos exactos y sus ciclos.
Solo debemos mirar a la naturaleza,
es tan perfecta, tan extraordinaria;
un amanecer es un regalo sublime,
no existe nada por el humano inventado
—que supere la belleza de una rosa—.
El hombre todo lo pervierte
se presume imprescindible
—pero de un amanecer depende—
porque si el universo cancelara al sol
¿Cuál sería la solución propuesta?
Viviana Laura Castagno Fuentes
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