Comencé a ser libre, sinceramente,
cuando llegué a la comprensión
de que a nadie debo dar explicaciones
sobre ninguna decisión de mi vida.
Sentí que el cielo era el límite,
me despojé de cargas innecesarias,
vacié a mi mente de opiniones ajenas
y el camino se tornó liviano y ágil.
Porque es energía mal dirigida
—pensar lo que los demás piensan—
quién lo hace no está resolviendo
cuestiones que a su privacía conciernen.
La vida es demasiado breve
como para andarse con ambages,
debemos disfrutar del paisaje
respetándonos y dejando afuera
a quienes sin nuestro aval —nos invaden—.
Viviana Laura Castagno Fuentes














