Niña, tu magnanimidad desborda,
escapa por doquier, enciende el aire,
cubre a otras almas con su tibieza
que sabe a ternura recién estrenada.
No importa niña que no lo adviertan,
la humanidad está absorta, como ausente,
cada quién está buscando su senda
y por esa única razón indolentes parecen.
Tal vez algún día, cuando hayan madurado,
descubran que tenías un corazón de oro,
ellos acumulaban riquezas, contaban dinero,
mientras tú encendías amor sin mezquindades.
Viviana Laura Castagno Fuentes

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