Me sobresalté esta mañana,
desperté y a mi lado estabas
mirándome, mientras el sol
comenzaba su espectáculo diario.
Debo admitir, brillabas, en tus ojos
se reflejaban los rayos de luz
que por las hendijas de la ventana ingresaban.
Giré, no dejé nunca de observarte,
acurrucada entre tu cuello y tus pechos,
descubrí el lugar más seguro del planeta,
donde los temores no existen, se extinguen,
porque el amor llegó para desalojarlos.
Nada dijimos, es que las palabras a veces
son innecesarias cuando abraza la plenitud.
Un ruido, un sonido que de la nada surgió,
nos conmovió a ambas, miramos a nuestro alrededor,
provenía de un bolso que en un rincón estaba,
un osado celular emitía el sonido inoportuno,
era el tuyo, atendiste y tu expresión cambió...
—Tengo que salir enseguida, dijiste,
—¿Hacia dónde?, pregunté, no comprendía nada,
—Debo prepararme rápido y partir, fue tu respuesta.
Otra vez, cuando el universo se aquieta y trae calma,
un imprevisto siempre surge para desbaratar todo.
Con un beso, sellaste la despedida sin regreso convenido
y aquí estoy otra vez contando los días, hace dos meses
el sonido de un inoportuno celular fue el indicio
de un adiós que a pesar de las promesas sabe a definitivo.
Viviana Laura Castagno Fuentes