Estuve juntando flores,
las que en mí cultivaste
y en un jardín
se acomodaron
a solas, sin mi injerencia,
formaron un estanque
y están flotando ahora
sobre el mar de lágrimas
que he ido vertiendo.
Bienvenidos a este universo donde "La Poesía" les propone viajar hacia las profundidades del alma. Deseo que ese viaje sea ameno y los invite a regresar siempre. Muchas gracias por visitar este espacio.
Estuve juntando flores,
las que en mí cultivaste
y en un jardín
se acomodaron
a solas, sin mi injerencia,
formaron un estanque
y están flotando ahora
sobre el mar de lágrimas
que he ido vertiendo.
Nos están quemando
un lugar paradisíaco,
nos están haciendo fuego
a nuestros hermanos,
a nuestra insalvable fauna
y a la naturaleza magnificente.
Nos están quemando (ex profeso)
y son los mismos
que se arrogan ser los dueños
de un planeta que es de todos.
Nos están quemando el Sur
—seres de las tinieblas—.
Nos están quemando el alma
a los Argentinos —para domeñarnos—.
Siempre tuve
la tenue sensación
de que no era escuchada,
y digo "escuchada"
así —enfáticamente—.
Comenzó en el ciclo primario,
necesitaba ponerle voz
a mis pensamientos
pero tal vez hablaba bajo
y por eso no me oían.
¿Sería muy pequeña
para esgrimir una opinión
y falsamente interpreté
que escuchar se les dificultaba?
Inconscientemente
me indujeron a ser lacónica,
para que inicie con placer
el exquisito derrotero
—del diálogo escrito—,
allanaron el vasto camino
hacia un universo
superlativo y mágico
donde las letras se revelaron
y comenzó una gesta
que espero finiquite
cuando emigre hacia mi exilio.
El mar no embate
no erosiona, ni socava,
el mar está vivo
y responde a sus ciclos
absolutamente naturales.
El mar no se equivoca,
ni siquiera es victimario
carece de los vicios humanos
no daña adrede a nadie.
Es el hombre el problema,
no cede en sus ansias
por la angurria inmobiliaria
y en aras de las pingües
ganancias y enriquecimientos
ha usurpado espacios
extensiones inexpugnables
de un mar que hoy, está volviendo.
Quizás un día
descubra por fin
lo que anhelé
cuando niña
—el instante exacto—
en que el crepúsculo
cede sus alicaídas luces
a la misteriosa noche
y con sumo donaire
a otros lares se retira.
Quizá no sea
un harto imposible,
en un vasto universo
de extremas potencialidades
donde todo puede ser
ante nuestros ojos
incrédulos y reacios
aunque en realidad
cabe la certera posibilidad
de que no acontezca nunca.
El mar acompaña hasta la playa
a las olas que han envejecido
porque fenecer allí, desean.
Ellas, los festones de espuma
tienen menguadas sus fuerzas
y sus ímpetus desaparecieron.
Antes, tan bravías y exultantes
buscan ahora la paz de la arena
donde sus sueños playas se vuelven.
Llegan las palabras
cuando mis ojos cierro,
ellas aparecen
justo en ese instante
en que me abduce el sueño.
Imagino que el alba
las convocará de nuevo,
pero es un equívoco mío
—ellas sobre esperas no saben—
porque cuando atizaron
yo las dejé huérfanas.
Y era la poesía...
que tanto esperaba
la que a sus letras trajo,
hoy están dispersas
y por un poeta
en silencio aguardan.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Sabrás que ella,
—la que ayer nomás bailaba—
inició un viaje hacia dentro
donde tal vez esté cómoda.
Sabrás que ella,
eligió al olvido ahora
quizás encuentra allí
lo que recordando pierde.
Sabrás que es natural
aunque no parezca
despedirse así, con prestancia
en su peculiar mar de extravíos.
Sabrás que un crepúsculo
hace tiempo, fue ingresando sigiloso
entre los pliegues de su alma
y ahora, con belleza está regresando.
Añoro emocionarme
como antes lo hacía
con mis amadas glicinas
maravillosos racimos de uvas
en fragantes flores devenidas.
Añoro a mi amado río
llegando hasta mis pies
haciéndose el distraído
porque en realidad...
muy sutilmente lo acariciaba.
Añoro ese cielo diáfano
que en un espejo de agua
se miraba y presumía
interrumpido de a ratos
por un ave y su elegante vuelo.
Deseo la plenitud que otorgaba
la profunda sencillez de la vida
—pletórica en valores eternos—
que en el alma se asilaban
el hogar donde la paz habita.
Viviana Laura Castagno Fuentes
El regazo...
ese continente imaginario
donde los miedos todos
se esfumaban
—como por arte de magia—
cuando hasta el llegábamos.
Era una galaxia secreta,
con un beso de mamá
una herida dejaba de doler
y la cicatrización comenzaba.
Era la contención desmedida
para los niños desconsolados
porque un juguete querido
se rompió por un descuido.
Ahí acababan las rencillas
entre los hermanos,
todos corriendo hasta mamá
porque en su regazo
la paz del planeta se firmaba.
Un lugar, un universo peculiar
sin límites físicos visibles,
el regazo era interminable
se desdibujaba solamente
cuando mamá con un beso
envolvía heridas, miedos y llantos.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Acaba de abrirse nuevamente
la zona horadada que creí extinguida,
estaba allí, pero no dolía como antes,
suturé su orilla durante largos meses
con el amor que en mí sembraste.
Pero, era una ilusión solamente
una creación de mi imaginario,
porque bastó una imagen para despertar
al dolor que me está fagocitando
y percibo que me devora desde adentro.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Todo se desenvuelve
con dinamismos diferentes
y nuestro itinerario modifica,
a veces hay indicios sutiles
otras, —como un atardecer—
acontece en absoluto silencio.
Es la vida anunciando
en voz baja y sin estridencias
y lo que creíamos tan lejano
nos alcanzó de improviso,
esperando a la dúctil primavera
se adelantó el hierático invierno.
Sabrás que río, lloro,
me entristezco por días
y me aferro a la estoicidad
de las flores silvestres
que destellan con sus colores
y el mundo las pisa, indiferente.
Quizá, estaban allí para deleitar
a las almas sensibles y amorosas
—pero son invisibles parece—
ellas, aun moribundas resisten
y tal vez mañana una alfombra
con delicadas florecillas invisibles
debajo de unas pisadas, fenezca de nuevo.
La tan remanida y/o autoexigida "felicidad" tal vez no existe y se limite a ser un hermoso sustantivo en nuestro riquísimo y vasto idioma castellano.
Quizá si nos olvidamos un rato de ella (la felicidad), descubramos que aligeramos muchísimo nuestro equipaje y viajemos más distendidos.
Quizá hasta podamos disfrutar más del paisaje al que antes no veíamos, porque nos empecinábamos demasiado en "ser felices" y terminábamos siendo "infelices y testarudos".
Quizá sentir "paz interior" sea suficiente y nos conduzca a saborear esas pequeñas situaciones de cada día, hasta de lo ínfimo (en apariencia).
Degustar un cafecito a la mañana ¿acaso no es un momento inolvidable?; realizar las tareas rutinarias también trae una sensación parecida a la plenitud, el orden no es solamente externo para mí, también coadyuva a organizar y limpiar mis jirones también, esos que se acomodan muy dentro y estorban para continuar.
Definitivamente "no soy feliz, felicidad" y lo siento por los eternos "gurúes" que nos apabullan con sus recetas magistrales para alcanzar lo inalcanzable, y nos perdemos de las pequeñas grandes ocasiones que nos resarcen y estabilizan.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Querido mar:
Es muy difícil que los humanos logren comprender tu carácter indómito, autónomo y misterioso; porque entre ellos no hay nexos genuinos, está ausente el diálogo.
Hablan todos a la vez, han eclipsado la riqueza que implicaba "escuchar al otro" y cada quién busca tener la razón absoluta aunque en realidad ninguno la posea, porque tal vez está en cada uno de ellos en pequeñas y menguadas dosis.
Por eso te sugiero querido mar:
Ten cuidado, están mintiendo y se ha vuelto un horripilante hábito, lo condenable es que han naturalizado usar la mentira para todo y "la verdad" es lamentablemente, una prisionera.
Están empecinados en doblegar tu natural devenir con absurdas construcciones a las que consideran —infalibles—.
No comprendieron todavía que eres el mar, una galaxia inexplorada, una desmesura per se que debería inducirnos a respetar todo lo que tu comportamiento comunica segundo a segundo.
¿Y sabes qué es lo más contradictorio?
Con escolleras, espigones y demás mamotretos —que solamente tus ciclos alteran—, creen que lograrán frenar tu fuerza arrolladora cuando una tormenta a tus aguas revoluciona.
Explícales a tu manera, que no se inventó todavía un límite para tu angurria y que continuarás devorando todo lo que tu avance entorpezca.
Para mí, serás para siempre el magistral escultor que cincelará cada óbice que impida tu natural y extraordinaria expansión en esta tierra —donde eres amo— aunque los que se creen "dueños" no comprendieron todavía y no lo harán nunca.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Siempre te esperaré...
no importa la hora,
ni el día, ni siquiera el año,
aquí estaré con un café
fragante y recién servido
en la taza que se quedó
esperando igual que yo
que algún día, en algún lugar
podamos reencontrarnos.
El viejo tronco
de una araucaria
que con sus años
está lidiando,
—literalmente
ha desaparecido—
porque dos trepadoras
lo están tapizando.
En una obra magna
que la natura ofrenda,
un níveo jazmín
está abrazando
a una bignonia anaranjada
que parece haber cedido
a una seducción en ciernes
y a sus mieles se ha entregado.
Un árbol majestuoso
es el escenario elegido
para que dos especies
desplieguen su espectáculo
y logren resarcir por un tiempo
las fuerzas alicaídas y endebles
de una araucaria provecta
que está diciendo adiós a la vida.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Cuando me haya ido
seré un olvido instantáneo
un año, una fecha, un nombre.
Cuando me haya ido
continuará la vida fluyendo
no se detiene por nadie.
Pero lo que también es cierto
es que no instigué jamás al mal
lo mío fue simple, solamente sembré letras.
Cuando percibo
que el maremágnum del afuera
me oprime y condiciona
despliego mis alas y vuelo,
observo desde arriba la confusión
que no tuvo mi anuencia
porque otros decidieron por mí
y siento lástima por ellos.
Nada han aprendido, nada,
creyeron que vivir era subyugar
a quién consideraban lábil
porque ellos se creían superiores;
tal vez consigan materializar
sus propósitos maliciosos
con actitudes beligerantes,
pero jamás sabrán sobre la paz
que la dignidad y el honor generan dentro.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Se apagó la tarde
menguó la intensidad
de su estridencia
y las sombras avanzaron,
una sutil invitación
para suavizar la hegemonía
de la velocidad y el apuro
que muchas veces nos conducen
a ningún lado.