Hay que atreverse,
a no encajar
en este mundo,
porque nos negamos
a ser rebaño
y a no seguir a la masa
consecuente.
Hay que atreverse,
a pensar diferente
y a manifestarlo,
sin miedo a sufrir
la condena del destierro
por no ser igual a todos.
Hay que atreverse,
a no profesar religión
a vivir con la verdad
a respetar a nuestra alma
sin dogmas, sin relato,
ni concesión alguna.
Hay que atreverse
a ser libres
a ir cuando todos regresan,
a no celebrar con ínfulas
la mediocridad que nivela.
Porque quién se atreve
a discernir y no a repetir
lo que impone
el anquilosamiento
es expulsadode las filas
del pensamiento único
y debe buscar inevitablemente
otros rumbos todo el tiempo.
Hay que atreverse...