Intuyo que me intuyes
en la llovizna pertinaz
que trajo opacidad
a un ocaso en ciernes.
Intuyo que recorres
como si un mapa fuese
los recodos inexplorados
que el silencio colecciona.
Intuyo...
Bienvenidos a este universo donde "La Poesía" les propone viajar hacia las profundidades del alma. Deseo que ese viaje sea ameno y los invite a regresar siempre. Muchas gracias por visitar este espacio.
Intuyo que me intuyes
en la llovizna pertinaz
que trajo opacidad
a un ocaso en ciernes.
Intuyo que recorres
como si un mapa fuese
los recodos inexplorados
que el silencio colecciona.
Intuyo...
Celebro, mientras admiro tu versatilidad para inmiscuirte en cada ámbito de mi vida.
Nada queda al azar, posees una sincronía que muchas veces —me sobresalta—, amorosamente por supuesto.
Tu recuerdo emerge en mis estados plenos —mientras escribo es uno de ellos—, pero sabe deslizarse en mis actividades rutinarias, las que muchas veces están "devaluadas" por la época, pero que a mí me edifican y me sustentan.
El sencillo acto de observar los brotes frágiles de una suculenta convoca a nuestros diálogos tan deliciosos, estaban imbuidos de una libertad sopesada, y muchas veces no coincidíamos pero no había espacio para manipular la opinión ajena.
Te extraño muchísimo, la vida tan insospechada e inmanejable, está asestando sus golpes de nuevo y confieso que tu amparo está faltando, no deseo vincular nada con —lo que necesito—, pero honestamente el viaje a solas es un desafío enorme y aligerar las alforjas era tu don, tu solvencia natural y sabia.
Pero, me habita desde siempre un resquicio que me enaltece y resarce: "vivir sin albergar resentimientos ni rencores estériles" me salva todo el tiempo, me eleva por sobre los imponderables y aunque el dolor atiza con bríos muchas veces —la paz que me insuflaste sin palabras, con actitudes— me centra y acicatea las fortalezas debilitadas mientras las despabila.
Viviana Laura Castagno Fuentes
La noche se inmiscuyó
mientras las luces del ocaso
estaban retirando sus brillos.
El cielo arrebolado, impecable,
se invistió abruptamente
con un tapiz de lentejuelas.
Ese instante mágico y único
ese límite inexacto, volátil,
el summum de lo inexplicable.
Podría presumir sobre mi estoicidad o mi capacidad de resiliencia y estaría obrando hipócritamente como una "pastora" que desea guiar a sus ovejas.
Muy por el contrario, estoy atravesando estos días con mucha tristeza, me percibo frágil, muy vulnerable y estoy lidiando —como puedo, como me sale—, porque conmigo fracasan las fórmulas hechas y remanidas, voy esgrimiendo diferentes analgesias a medida que camino y ellas tímidamente van apareciendo.
Jamás plasmo mis conceptos o emociones pensando en —el qué dirán—, porque todo emana de un sitio recóndito donde tienen su génesis las letras y tengo una nulo control sobre ello.
Es profundamente íntimo, genuino, y no tengo la mínima intención de transmitir mensajes esperanzadores y positivos, porque sería un desgaste de energías enorme —una dictadura, una manipulación de mis pensamientos y emociones—, a los que respeto a rajatabla.
Porque sencillamente —dejaría de ser yo— y me convertiría en un remedo absurdo y mentiroso, un universo en el que definitivamente no encajo.
Soy ama de las palabras cuando están deambulando por mi galaxia, pero una vez plasmadas pertenecen al orbe, a los otros, a quienes disfrutan de la lectura y se convierten en sus ocasionales destinatarios.
Intentaré como siempre, seguir los cánticos de esa "vocecita interior" que muy discretamente me habla y comunica cuando algo la incomoda y su libertad agobia.
En el tramo final de mi viaje, sería un desatino incomprensible no acatar las insinuaciones tácitas que a obrar me inducen.
Cada vez creo menos en los planes y proyectos, estoy gestando "sueños" que ni siquiera son míos, una vez que ven la luz pertenecen al universo y hacia allí los emancipo.
Estoy preñada de ellos, son pocos pero férreos, siempre regresaron hacia mí desde alguna estrella rutilante y me han modificado.
Estuve unos años debajo de una montaña de escombros —era mi orbe interior derrumbado—, y no avizoraba indicios siquiera de que una salida existía, mi entorno estaba atestado de una nebulosa que cancelaba los escapes.
Esa fuerza motriz, esa vocecita interior ha sido la asistente que ayudó a restañar lo que estaba derruido y seguirá siéndolo hasta que el reloj sus horas para mí... detenga.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Urge la poesía,
no deja espacio
para la espera
tiene la impronta
de la naturaleza,
es imposible detener
su metamorfosis
cuando eclosiona
restaurando los despojos
que fue esparciendo
lo pertinaz del invierno.
Viviana Laura Castagno Fuentes
La he observado con lágrimas
que enturbiaban la sonrisa
que en sus ojos comenzaba.
La descubrí en silencio
cuando arreció un vendaval
y desgarró un vergel en su alma.
Era una improcedencia
intentar invadir su universo
era tan recatada como lacónica.
Vivió como pensaba y enseñó,
dando vuelta la página siempre
"a la vida había que saber leerla".
Supe ser puente
desdeñaba a los muros
y aprendí a ser ambos.
Supe ver praderas
donde la aridez era ama
y minimicé mis primaveras.
Supe sobre ausencias
que al alma desgarran,
y abracé zonas horadadas.
Supe ser río
pero me volví mar un día
y hoy lo estoy aguardando.
El silencio
es un actor disidente
un esquivo consuetudinario
un prudente límite;
una indolencia a veces
un diálogo suspendido
esperando agazapado,
pero sabe mutar el dúctil
a disuasivos puntos suspensivos
y se disfraza otras tantas
de punto final distraído.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Aléjate,
caminas con imprudencia
por una zona riesgosa
donde aparecen
de improviso
óbices que esfuman
la salida que ansías
y el extravío
se torna inevitable.
Elige mejor
lo harto conocido
aunque el hastío
intente apoltronarse,
será un hartazgo
desde la experiencia
y tal vez descubras
que allí estuvo siempre
la plenitud que buscabas.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Hay personas
—tan extraordinarias—
que se quedan abrazadas
en los entresijos del alma,
no existe la caducidad
para ellas, menos el olvido
—porque están con nosotros—
aun... no estando.
La tarde se derrumba
se consuma una huida
y las sombras avanzan.
Y aunque la opacidad
secuestra a las últimas luces
un resplandor se enciende.
Reverberan tus recuerdos
los que a mi vida fecundaron
y son mi único sostén ahora.
Y yo
celebrando tus recuerdos
que intensamente
me habitan, ¿o me amueblan?
mientras desato los nudos
que mi camino entorpecen.
Y los otros
entumeciendo la vida
convocando cerrazones
(porque la sinrazón es ama)
—decidieron unilateralmente—
que la paz está de sobra.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Me oprime
el mandato absurdo
de blandir la felicidad
como si fuese obligatorio,
no estoy feliz ahora
ni lo estaré
en los días que se acercan
—extraño a mi madre—
y no me harán sentir culpable
porque han instalado
al positivismo como dogma.
Necesito otra vida
porque esta es insuficiente,
creo que no he aprendido
lo que me está demandando
este viaje con sus imponderables
y estoy temiendo llegar tarde
cuando la muerte por mí venga.
Encuentro tus vestigios
aquí, allá, en todas partes,
no escatimas nada te aseguro
induces a la natura
la invitas con tu sobriedad
para que me convenza
y ella se esmera
acicatea sus estrategias
para disuadirme cuando dubito.
¿Y sabes algo?
lo logras con eficiencia,
porque los recuerdos
se imponen, crecen
y se vigorizan cada día,
no hay espacio
para el olvido
porque te has asilado
en un lugar de privilegio
donde solamente viven
lo que jamás se fueron.
Reconozco que la poesía me subyuga, ella me posee y decide cómo y cuándo.
Mi madre fue la artífice, ella trajo las letras a mi vida cuando era una niña y desde entonces el romance ha ido creciendo.
Y es con los poemas el idilio, no podría escribir novelas, tampoco me inspiran, este es el universo donde habito y a la libertad invito para el goce.
Adoro el carácter indómito que poseen, no admiten estructuras férreas que las asfixian y entumecen, tampoco responden a decisiones de la mente y tienen un compromiso con "la verdad".
Jamás escribo cuando deseo, sino cuando la poesía viene en mi búsqueda y a plasmarla me invita, así es el nudo gordiano de la relación que tenemos.
Al menos en mi caso: "es imposible escribir por voluntad, escribo porque antes he sido amueblada por las letras que su emancipación luego reclaman".
Es como una hoguera que se enciende a solas, no existe una concentración previa, tampoco la necesidad de establecer un horario y asirse a él cada día.
Quién ama la poesía comprenderá lo que he plasmado, carece de programa ella, es tan habilidosa como instantánea, sin esa condición previa: "sencillamente no sería".
Todo lo plasmado está bañado en "subjetividad", es mi experiencia, un proceso único que en otras personas se gesta por otros caminos.
No parpadees cielo,
no entrecierres tus ojos
déjalos abiertos un rato
necesito de tu luz
las sombras inhiben a mis letras
y ellas sin claridad
de mí escapan sin titubeos.
Mira con luces
que en sus ojos viven
—son dos farolas—
que a la paz convocan
mientras desdibujan
las estolideces humanas.
Posee dones extraordinarios,
captura las emociones
basta una mirada diferente
para que su actitud modifique
—tiene un idioma en su alma—.
A veces pienso seriamente:
¿será de este mundo?,
porque convengamos
abriga sentimientos puros
garantes de un amor ilimitado
y yo dudando si en realidad
soy una buena compañera de viaje.
Viviana Laura Castagno Fuentes