Tantos diálogos, tantas palabras,
formaban montañas, lucían acurrucadas,
estaban esperando —como asiladas—
el indicio certero del encuentro
o del desencuentro —era tan incierto—.
Pero todo fue un amasijo informe,
se entrelazaron posturas, sentimientos,
parecía que intentaban asfixiarnos
pero los asfixió la certeza del desconcierto.
—Debemos aguardar—, afirmabas.
¿Aguardar cuánto, días, meses o años?,
—no llegaban tus respuestas—
y en esa creciente desazón, naufragamos,
no hay reclamos, ni hay responsabilidades,
se nos entrometió la vida con sus imponderables.
Viviana Laura Castagno Fuentes
