En algún espacio secreto
se albergan los recuerdos,
esa sutil e íntima biblioteca
que atesora nuestras vivencias.
Ellos están callados
—pero cuando hablan—
logran abrir hábilmente
puertas que estaban cerradas.
Traen a nuestro presente
experiencias aún vívidas
pero también a las viejas
que creíamos olvidadas.
Los recuerdos son testimonios
se agigantan con los años,
pueden contener el paraíso
o el averno, nosotros lo decidimos.
Los recuerdos, son personas,
son etapas, es la niñez amorosa,
es el café que hacía mi padre,
es el cuidado, el amor de mi madre,
son los juegos con mis hermanos.
Es la biblioteca que guarda historias,
sentimientos, sabores, aromas
se albergan los recuerdos,
esa sutil e íntima biblioteca
que atesora nuestras vivencias.
Ellos están callados
—pero cuando hablan—
logran abrir hábilmente
puertas que estaban cerradas.
Traen a nuestro presente
experiencias aún vívidas
pero también a las viejas
que creíamos olvidadas.
Los recuerdos son testimonios
se agigantan con los años,
pueden contener el paraíso
o el averno, nosotros lo decidimos.
Los recuerdos, son personas,
son etapas, es la niñez amorosa,
es el café que hacía mi padre,
es el cuidado, el amor de mi madre,
son los juegos con mis hermanos.
Es la biblioteca que guarda historias,
sentimientos, sabores, aromas
pero lo más importante
—atesora a quienes amamos—.
Los recuerdos nos sorprenden
cuando más frágiles estamos,
para que en ellos abrevemos
y más dúctiles y sabios regresemos.
Viviana Laura Castagno Fuentes
